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Tenía claro que empezar a escribir sobre estilos era algo que costaría mucho. Porque ante cosas tan sumamente personales, es complicado ejercer la visión objetiva de quien desea ponerse en la piel de todos. Propósito demasiado ambicioso, me temo. En realidad, tampoco sé cómo se define un estilo, desconozco el lugar en el que se encuentra una clasificación de los mismos, pudiendo englobar y encasillar a cada entrenador del mundo dentro de diferentes etiquetas. Y en caso de poder hacerlo, todo estilo es lícito hasta que se demuestre lo contrario. Pero todo es lícito, ¿para qué? ¿para ganar?. Porque esa es otra, ¿todos perseguimos ganar?, ¿es esa, en realidad, la única meta? Hay muchos que, con tal de ganar, parafrasearían a Groucho, “si no le gusta mi estilo, tengo más”.

Sinceramente (y aquí ya es cuando empiezo con la subjetividad) no creo que la meta sea ganar. Creo que a todos nos gusta ganar, es evidente, pero no creo que todos queramos hacerlo. Es bien distinto. Si se fijan, son afirmaciones cercanas en contexto, pero lejanas en realidad. Y luego queda la otra parte, ¿qué es ganar?. ¿Ganar es quedar primero? ¿Levantar la copa? ¿Bailar con la más guapa? Solo uno puede llevarse a la chica más guapa del baile, pero que no vayas con ella de la mano en el gran día, no significa que no puedas bailar.

Algo que sí parece evidente es que todos los entrenadores buscamos algo reconocible. La creación de un “algo” (llamémosle, momentáneamente, estilo) que sea reconocible. Que cuando un equipo ejecute un plan de una determinada forma, se pueda reconocer claramente un autor intelectual guiando a diversos y variados autores materiales. Y esa es la dificultad. Que todos esos autores sean capaces de asimilar el plan trazado de una forma coral y grupal. Que cada jugador, con su personalidad INDIVIDUAL, con su manera de actuar INDIVIDUAL y con su pensamiento cognitivo INDIVIDUAL, sea capaz de actuar dentro de un contexto y un grupo de acciones GRUPALES. Esto, señores, es de una complejidad mayúscula. Por eso es por lo que valoramos enormemente a todo aquel equipo que es reconocible. Sea del nivel que sea y sea del estilo que sea. Porque conseguir algo así (más allá de gustos) es una ardua tarea.

Estilos

El problema de todo ello es que, no contentos con no valorar ese logro, nos permitimos CUESTIONAR las formas. Nos permitimos CUANTIFICAR hechos que no son numéricos y, por tanto, imposibles de ordenar. “Este estilo es mejor”, “este equipo juega mejor”. Y llevamos al desprecio a aquellos con los que no nos sentimos identificados. Es un error igual que el de creer que conquistar títulos habilita tus modos. Es la tendencia actual en muchos clubes. Personalmente, siempre he creído que es al revés, que tus modos, tus formas y tus maneras, en definitiva, tu estilo, es el que debe habilitarte para ganar y no al revés.  Ganar no habilita absolutamente nada, ni te hace dueño de mayor credibilidad (y si lo hace, es mentira). Porque ganar, solo gana uno. Y todos en esta vida (y más aún en el deporte) perdemos más que ganamos. Imaginemos al Real Madrid, el equipo que más Champions ha ganado en la historia. Han ganado 11, eso equivale (simplificándolo) a 11 años de alegrías frente a más de 90 de decepciones. Si eso le ocurre al que más ha ganado, entonces, ¿seguimos pensando en llenar nuestro ego de emociones puntuales o creamos algo que nos identifique y nos deje colmados cada vez que lo logramos? Personalmente, prefiero bailar muchas veces que disfrutar de un solo baile, por mucho que sea con la más guapa.

Hace tiempo escribí algo que pensaba firmemente y que sigo pensando, Guardiola hace mucho que dejó de querer ganar. Ha llegado tantas veces a la meta que se divierte más buscando caminos de piedras en lugar de ir por la autopista más recta y con menos curvas que pueda encontrarse.

Hay miles de caminos para llegar a la meta, cada uno elige el suyo y es algo totalmente respetable, incluso el de aquellos que no quieren ni seguir un camino, que les vale con una línea recta. Pero si a lo largo de nuestra vida somos, por esencia, perdedores, igual es mejor bailar, cuanto más mejor, aunque no sea con la más guapa…

Hace poco hablaba con un amigo acerca de los premios. Del sentido que pueden tener. De la importancia que tienen y de la que, realmente, deberían tener. Justo después recordé la frase de un gran entrenador que decía “no me interesa ganar como fondo de todo, trabajar con el fin de ganar. Me interesa y me llena poder sacar el máximo rendimiento de lo que tengo”. Me parece una reflexión interesante, sobre todo a la hora de pensar en un deporte colectivo como el fútbol que, cada vez más, se está convirtiendo en un sumatorio de individualidades.

Yo

Pero, ¿cómo ser capaces de separar la parte del todo cuando se supone que todos queremos ganar?. Yo, como padre, quiero que mi hijo sea el mejor. Yo, como entrenador, quiero ganar a mi colega y demostrarle que soy mejor. Yo, como jugador, quiero ganarme el puesto y ser el mejor. Y quiero ganar el premio al máximo goleador y al máximo asistente y…

¿Somos capaces de generar la empatía suficiente en un deporte de equipo como para poder sumar en conjunto y no individualmente?. ¿Cómo podemos dejar de usar la primera palabra del singular y usar la del plural?.

Solo

Hace bastantes años, a mi me gustaba mucho viajar solo. Me iba a muchos sitios y disfrutaba del placer de compartir los viajes conmigo mismo. Hasta que descubrí algo. Fui a un lugar en el que me arrepentí de estar solo. Viajé a Bulgaria, alquilé un coche y divagué por los pueblos y carreteras más perdidos que pudiera encontrar. Llegó un momento en el que no sabía ni en qué lugar estaba, pero disfrutaba de poder ir donde quisiera. Tras muchos kilómetros, me topé con un lugar que no esperaba y que me hizo pensar el sentido de todo aquello. Descubrí Rila, un lugar en medio de las montañas, al que es difícil acceder puesto que no se puede ver a simple vista. Justo allí encontré un tremendo lugar de paz, donde no se escuchaba ni un solo sonido y que era perfecto para el viaje que yo me había propuesto. En ese momento fue cuando más necesité estar con alguien. Fue cuando más falta me hizo poder tener a gente cerca para poder compartirlo. En ese instante fue cuando comprendí con total exactitud aquello de que “la soledad es muy hermosa … cuando se tiene al lado a alguien a quien decírselo“.

Rila

Desde entonces trato de encontrar Rila en mis equipos. Trato de hacer ver a mis jugadores que un viaje solo no lleva a ninguna parte. Y que justo cuando menos se lo esperen, necesitarán a alguien a su lado con quien poder compartir aquello que han logrado. Así que, ¿por qué no evitar ese momento y empezar a viajar compartiendo?. 

Éxitos o fracasos, siempre serán mejores si puedes levantar la cabeza y ver a alguien no muy lejos de ti.